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Así se escogieron las bandas de Rock al Parque 2018

De Pussy Riot a Pennywise.
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De las últimas 5 ediciones, es la que más apuestas musicales ha puesto sobre la mesa, incluyendo un artista transgénero, una orquesta de Japón y, por supuesto, las controvertidas Pussy Riot.

Programar el festival Rock al Parque no es papita pa’l loro. Siendo un festival que tiene la salvajada de 23 ediciones anteriores sobre sus hombros, a quién incluir en su cartel es como en aquel veterano videojuego mundialmente conocido como Tetris: hay que encajar muchas piezas al tiempo para no perder. (Vea aquí la programación de Rock al parque 2018). 

La primera viene con el juego, y no es otra que las bandas bogotanas que ganan un cupo (este año 20) para tocar en el festival a través del concurso distrital que evalúa un jurado de expertos, a su vez elegidos por convocatoria. Es, posiblemente, la pieza menos compleja de encajar, aunque como cada año no está libre de los comentarios de quienes creen que siempre escogen a las mismas bandas. Eso, sin reparar en que todos los grupos con una trayectoria mínima de 2 años (y que no hubieran estado en Rock al Parque 2016 y 2017) podían meterse en el concurso y ser seleccionados.

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Este año, en la programación de Rock al Parque, no hay una sola banda de Bogotá que haya sido invitada directamente ó, mejor dicho, que no se haya ganado el cupo por otra vía distinta a la de la convocatoria. Es el caso de Skampida, que está celebrando sus 20 años de vida, o de Ship, referente del rock progresivo que a sus casi 4 décadas de carrera asumió el reto de concursar y ganó en franca lid.

La segunda pieza a encajar es que la curaduría refleje el ADN de Rock al Parque. Un festival ruidoso y de ritmos potentes, visceral en muchos casos y que hace feliz a la gente, gente que a su vez disfruta estar ahí entre el sudor y las pintas de otros escuchando metal, punk o hardcore. A estos géneros musicales “de contacto”, el festival siempre ha sumado varios más festivos como el reggae, el ska o el rock mestizo y latinoamericano (ADN de su ADN, tanto como el rock bogotano y colombiano), y de ahí justamente viene ese contraste que ha hecho único al festival no solo en Colombia sino en el resto del mundo.

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Lo que sigue, es tratar de tener una gran afluencia de público, y no porque sea su única medición de éxito sino porque físicamente los tres escenarios de Rock al Parque en el Simón Bolívar de por sí demandan una asistencia masiva, y en una solo jornada (de las tres de programación que tiene el festival) pueden duplicar la máxima capacidad de un escenario como el estadio El Campín. Incluso, la tarima más pequeña de las tres que Rock al Parque tiene, conocida como Eco, desde el año pasado ganó unos metros más y con esa ampliación ahora caben unos cuantos miles más.

El único capaz de ponerle la pata a Rock al Parque en su propia casa, el parque Simón Bolívar, fue el papa Francisco y la misa campal que ofreció en 2017 para 1.3 millones de personas.

La cuarta y última parte a enchufar es la renovación de sus líneas ó, aunque la palabra es un poco odiosa y pretenciosa, aquello que muchos llaman “formación de públicos”. Sin romper el balance entre los géneros más extremos y los de fiesta, como ya se dijo, siempre es necesario inyectarle una buena dosis de sonidos alternativos al evento, y no porque un curador lo diga sino porque el número de personas que cada año está yendo a Rock al Parque a dejarse sorprender y conocer bandas revelación o de culto pero que no tenía en el radar va en aumento.

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Este año, especialmente, el festival responde a eso, e incluso va un poco más allá y de las últimas 5 ediciones, esta es la que más apuestas musicales ha puesto sobre la mesa, incluso en aquellos géneros que son más tradicionales como el reggae, el ska o el punk rock.

Esa es la razón por la cual estarán artistas como Liniker e os Caramelows, primer artista transgénero en rpesentarse en Rock al parque; Jupiter & Okwess, un roquero congolés que suena como un Jimi Hendrix poseso por un furibundo espíritu del afrobeat; Quentin Gas & Los Zíngaros, una banda de herencia gitana que pone a alucinar los instrumentos como lo haría una de rock sicodélico; o HMLTD, directamente desde el UK, un combo de jóvenes andróginos e insurrectos que en el escenario bailan y suenan como a una mezcla muy suya de Peaches, The Prodigy y David Bowie. No por nada NIN los escogió para su más reciente gira.

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No podemos olvidar que también va a estar Pussy Riot, y sería el colmo no incluirla en este texto después de toda la publicidad gratuita que les trajo la aparición de algunos miembros de su colectivo durante la final del Mundial de fútbol. También lo sería no hablar de la Tokyo Ska Paradise Orchestra, una numerosa agrupación japonesa que literalmente incendia el escenario con temas en inglés y japonés y canciones instrumentales en las que son capaces hasta de versionar a Café Tacvba.

Hablando de bandas imperdibles de formación numerosa, en la programación de este año figuran dos más que merecen atención. Por un lado los argentinos Dancing Mood, que tocan reggae, ska o calipso pero como muy pocos grupos en el continente lo logran; y Antibalas, de Nueva York, que pone la nota muy alta pues es una muestra del auténtico sonido callejero de Brooklyn combinado con jazz y música africana.

Renglón aparte, y ya para cerrar este tema de las apuestas dentro y fuera de lo alternativo o aún en géneros de corte más clásico, hay que mencionar al cofundador de la mítica banda norteamericana Sonic Youth, Lee Ranaldo, quien viene a presentarse con su trío y desde ya promete un show en el que la guitarra eléctrica es protagonista; y a los gigantes alemanes de Kadavar. Quienes de forma reciente estuvieron en el festival Corona Hell & Heaven de México pueden dar fe del poder de este trío de stoner rock y rock sicodélico, será una oportunidad única para verlos y en el marco de un festival que una vez corona su Tetris tiene que librar un pogo adicional: hacerlo encajar en un presupuesto que tiene un tope tanto para contratación de bandas como de producción.

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Para que se hagan una idea, con los 72 mil millones de pesos que se echaron a perder con el puente Chirajara, se hubieran podido realizar casi 30.8 festivales Rock al Parque como el de este año. Un año en el que por fin una banda de punk rock cerrará la programación, con el valor agregado de que además está cumpliendo 30 años de historia y nunca antes ha pisado suelo colombiano: la famosa e influyente Pennywise.

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