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7 conclusiones finales sobre Rock al Parque 2018

Lo que no vio, lo que no supo, lo que no entendió, lo que queda de lección.
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El ciclo se vuelve a cumplir. Luego de la expectativa de saber a quién van a traer, de rumores e ilusiones fallidas, de críticas y elogios, una nueva edición de Rock al Parque se celebró en el Parque Simón Bolívar. Un poco de lo mismo combinado con gratas revelaciones, decepciones y cosas que siempre quedan por mejorar (¿hasta cuándo seguiremos viendo en tarimas algunos clichés y sobreactuaciones roqueras de siempre?).

Fotos de: David Schwartz, Daniel Álvarez, Alejandra Mar, Jhon Paz, Brayan Garnica, Natalia Pedraza.

1. Es hora de destruir a los ídolos de siempre

En esta edición de Rock al Parque no aparecieron ídolos ultra populares para llenar la Plaza, como pasó en ediciones anteriores con latinoamericanos clásicos como Molotov, Calamaro, Fito Páez o Café Tacvba. Al contrario, vimos en vivo nombres que, muy seguramente, la mayoría del público jamás había escuchado nombrar. Y ahora van directo al repertorio. Decía en una entrevista Jupiter Bokondji, líder de la banda congolesa Jupiter & Okwess, una de las novedades de este cartel, que “a las mentes occidentales les gusta destacar y crear iconos y tendencias. Pero mi única preocupación es la música”. En la misma dirección, aunque con un show más aparatoso, se puede interpretar lo que pasó con el colectivo ruso Pussy Riot, que tenía acá a una de sus caras visibles cantando mientras la otra hacía un show en Edimburgo. Hay que desmitificar la idea del ídolo y empezar a abrir los oídos a las cosas que no nos son familiares.

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2. El mundo está acá, duélale a quien le duela

Bandas de Japón, Suecia, Congo, Estados Unidos, Francia, Argentina, Chile, Brasil, Inglaterra, Alemania, España y México, hicieron parte del festival. Eso, más allá de ser un hecho anecdótico y convertirse en cifras alegres para la organización, es una saludable muestra de que el festival está reflejando lo que está pasando en el mundo, se está permitiendo contar otras historias y está incluyendo nuevos discursos. Si se mira el cartel con lupa y se rastrean los orígenes de los nombres que lo llenaron, se puede trazar una ruta de festivales hermanos con los que Rock al Parque está dialogando y se está retroalimentando. Esto, además de presentarle al público un amplio y diverso abanico de propuestas, que permite ir al festival a conocer y dejarse sorprender, también es la construcción de un puente entre la escena local y el resto del mundo convirtiendo a este evento en una catapulta para las bandas nacionales.

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3. Traiga a la familia a Rock al Parque

Del imaginario de que Rock al Parque es un festival salvaje, caníbal, satánico y peligroso, poco queda y si alguien lo tiene es porque en realidad jamás ha pisado los pastos del Parque Simón Bolívar en estos días. Desde hace un par de ediciones la organización también ha decidido prestarle más atención a aquello que pasa entre tarimas; eso que en últimas es lo que llena el término “festival”. La experiencia de Rock al Parque se ha vuelto más amigable desde sus sonidos (ya hay una gran cantidad de bandas que invitan al baile, románticas y hasta folclóricas) hasta su circulación: esto es las zonas de comidas parchadas, las activaciones comerciales, algunos juegos y la carpa de souvenirs y merchandising. Y como decía el vocalista de Suicide Silence tener un festival de estos, gratis, tres días para el público hay que conservarlo y agradecer pues no pasa en ningún país.

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4. Al que NO madruga, Dios le ayuda

Este año las jornadas de sábado y domingo arrancaron más tarde a comparación de ediciones anteriores (de 12:30 o 1, que era lo usual, a 3:30 pm). El cambio de horario ayudó a que los shows de apertura de cada tarima, que siempre sufren por público, tuvieran una mejor asistencia y no fueran los chivos sacrificados del festival. En cambio, los actos que abrieron la jornada del lunes, que empezó a la 1:30, no tuvieron la misma cantidad de público. El nuevo horario de arranque no solo fue bueno para las bandas, sino también cómodo para la organización y vimos en este 2018 un festival puntual y fluido.

5. Liniker hizo historia

En años anteriores, Rock al Parque sacó la banderita de la inclusión y puso una tarima solo para mujeres. Esta vez, uno de los casos más promocionados fue el de la agrupación brasilera Liniker e os Caramelows, liderada por la primera mujer trans en el festival. Como representatividad y como elemento reivindicativo, desde luego, es destacable. La voz de Liniker y el virtuosismo musical de su banda con seguridad podían hablar por sí solos, sin necesidad de cosificar el discurso identitario y volverlo un objeto de consumo. Su show estuvo lleno de punketos y metaleros en actividad de receptividad absoluta de escuchar y descubrir.

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6. El cartel metalero sigue siendo un regalo de lujo para los bogotanos

Los sábados durante Rock al Parque han sido tradicionalmente dedicados al metal, y siempre ha sido la oportunidad para que los bogotanos puedan gozar, de manera totalmente gratuita, de agrupaciones de primer nivel en el mundo: 2017 con Lamb of God y Death Angel, 2016 con The Black Dahlia Murder, Sepultura, Aborted y Decapitated, 2015 con Behemoth y Nuclear Assault, etc. Este año los asistentes exploraron, a través de las bandas suecas Dark Tranquility y Dark Funeral, un capítulo crucial en la historia del género: la escena escandinava. Y, por si fuera poco, la celebración del aniversario de la banda colombiana Masacre también fue épica e histórica.

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7. ¿Qué se traerá Rock al Parque 2019 cuando el festival cumpla 25 años?

Veinticinco años para un festival no es poco, y menos para uno público y gratuito. Sobre todo su componente público pone a pensar sobre su razón de ser y sus alcances. ¿Para qué sirve y a quién le sirve Rock al Parque?;¿Deberá ser un cartel lleno de grandes y taquilleros nombres que rompan récords de asistencia y que dejen felices a los organizadores? ¿Cómo puede esta celebración ser de utilidad para las bandas nacionales emergentes y consolidadas?

Rock al Parque ha sido sede de momentos históricos y emotivos en donde bandas como Masacre, Skullcandy, Polikarpa y sus Viciosas, La Pestilencia, entre otras, han ido a celebrar sus aniversarios pues finalmente se deben y le deben a Rock al Parque. El festival ha sido la memoria musical de una ciudad, el testigo de la evolución de cientos de problemas sociales y su resolución a través del arte. Eso debería ser cada vez más presente y convertirse en el espíritu del festival, sobre todo en una era de resistencia y posconflicto. Rock al Parque puede y debe ser el espejo de nuestra generación.

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