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Charles Manson también era animalista y protector del medio ambiente

Uno de los asesinos seriales más famosos del mundo, era también la encarnación del tipo ideal moderno.
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¿Bajo qué capa de personalidad se esconden los asesinos?, ¿Cómo aparentan normalidad? En estos dos casos, el gusto por la muerte de otras personas puede estar, quizás, aliviado por las dos causas altruistas modernas más pop, la ecología y el animalismo. Ellos son Satán y Charles Manson 

Por: Fabián Páez López @Davidchaka //Fotos: Gustavo Martínez y EFE

Hace tiempo entrevisté a un personaje que para muchos de sus vecinos era, en apariencia, macabro. Se hacía llamar Satán; el anticristo en persona. Era brujo de profesión y, aunque creo que cobrar por favores esotéricos es aprovecharse de la desazón de la gente, resultó ser que el tipo no era tan siniestro como aparentaba. Contrario a lo que cualquiera podría pensar de alguien que se cree un enviado de lucifer, el tipo se presenta como formal y respetuoso. Como la mayoría de brujos (y muchos otros líderes religiosos), a la larga, no hace mayor daño a la gente. Además de vender ese consuelo imaginario del control sobre el destino.  Eso sí, sus fijaciones y modelos a seguir eran bastante peculiares. 

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Me contó con insistencia que la mayoría de su dinero estaba destinado a un refugio para perros. De paso, también se declaró como un gran admirador de Hitler, y de asesinos seriales famosos como Charles Manson o Ted Bundy:”eran personas muy inteligentes, si yo me hubiera dedicado a otra cosa, sería a asesino en serie, mataría a las personas que hacen daño a los animales”. Por su animalismo radical se presentaba así mismo como una especie de héroe invertido. Un animalista satánico con propensión al crimen serial. (Vea también: Una visita al consultorio de Satán)

Esa capa de buenas intenciones ecológico-animalistas en personajes con propensión al odio patológico a la humanidad parece no ser tan extraña. Durante años se ha especulado sobre el probable vegetarianismo de Hitler y de su amor por los animales, pero ese es el ejemplo de siempre. De quien sí podemos hablar con certeza y sin trabas es de uno de los más célebres acusados de dirigir un crimen múltiple: Charles Manson, un ecologista y animalista convencido. 

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Desde hace más 40 años Manson lideraba desde la prisión un movimiento ecologista conocido como ATWA, cuyas siglas responden a Air, Trees, Water and Animals (aire, árboles, agua y animales). La organización cuenta con sedes en varios países y reúne a miles de seguidores que han sido atraídos por el ecologismo. Durante una entrevista publicada en 'Vanity Fair', Manson repitió desde prisión el slogan de ATWA: “Put the green back, put the green back” (devuelve lo verde a su sitio). Ese es uno de sus objetivos: devolverle aire a la Tierra protegiendo sus bosques y selvas y concienciando a la gente de que hay que replantar el mundo.

Según Star, la exnovia de Manson, una de las responsables de ATWA en California (y quien fue acusada por el mismo Manson de querer casarse con él para cobrar por exhibir su cadáver cuando muriera), la organización funcionaba más como una filosofía, no tenía líderes ni estructura oficial, aunque él era el que hacía la palabra: “Él tiene la visión de lo que es ATWA. Pero no le dice a la gente lo que tiene que hacer. Le pide que no contamine y que plante árboles. Es lo único que quiere que haga la gente”. 

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Charles Manson combinaba su labor de predicador con sus evidentes trastornos psicológicos. Después de liderar un movimiento hippie conocido como La Familia, y de haber sido declarado culpable de conspiración por cometer los asesinatos de siete personas (entre ellas la actriz Sharon Tate) se convirtió en uno de los emblemas pop de todo lo macabro. 

¿Cómo es que entonces puede seguir siendo la cabeza de un movimiento que pareciera estar interesado en el beneficio de la humanidad? ¿Son todos los hippies radicales y los animalistas un asesino en potencia? Probablemente no, pero hay algo que el caso Manson sí deja claro: el airado fanatismo por este tipo de causas no garantiza buenas personas. Es más, por el contrario, puede que en ocasiones oculte traumas certeros y personalidades psicópatas. 

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Como escribía Miguel Mendoza en su análisis de los perfiles de los asesinos en serie, “la locura contemporánea se confunde, se enmascara en las formas de vida y de relación social vigentes”. Si aparecen personajes malvados en todo el mundo, como si se tratara de una moda que viene y va, en medio de una aparente y maravillosa sociedad feliz, algo debe andar mal y no debemos creer que se trata de un problema aislado o periférico. 

El psicópata es la forma más moderna del mal, es una copia perfecta de un “humano normal”, pero carece de sentimientos y de empatía por cualquier cosa viva. Tal vez en muchos casos el esfuerzo radical por comulgar con formas empáticas hacia los animales o hacia la naturaleza pueda ser también el síntoma de la represión de una conducta psicopática. Habrá que preguntarle a los psicólogos. 

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