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Omar Souleyman: el rey (¿hipster?) de la fiesta árabe llega a Colombia

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El próximo 5 de marzo el Centro Cultural Billares Londres arderá de la mano de un músico sirio que lleva la fiesta y el baile a niveles realmente delirantes. Omar Souleyman, presentado ante la sociedad occidental por artistas como Björk o Four Tet, es un curioso caso de lo que pasa cuando la música folclórica es tocada por la mano de la civilización.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

No podemos empezar a hablar de Omar Souleyman sin que antes vean el videoclip de Warni Warni: una deliciosa amalgama de una música frenética con paisajes kitsch, compuestos por fotomontajes al mejor estilo de los fotógrafos de las playas de Taganga, que ubican al cantante delante de la Pirámide de Guiza, el Arco del Triunfo, Machu Pichu, sobre la Estatua de la Libertad o parado sobre el ala de un transbordador espacial. Pura sicodelia de siglo XXI.

El protagonista del anterior video es un hombre que se ha tomado el mundo occidental sin saber una gota de inglés. Muchos le atribuyen su éxito a una fascinación hípster por lo remoto, lejano y rebuscado. Supuestamente, entre más raro, mejor.

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El comentario se debe a que a diferencia de muchos otros casos de música folclórica que se han hecho famosos internacionalmente, Omar Souleyman no es hijo de la ola del world music y ha tenido unos embajadores del Medio Oriente para acá muy particulares.

A pesar de lucir indefectiblemente como la estampa del hombre árabe tradicional, con toda la estética del bazar persa, quienes lo han hecho famoso son músicos de vanguardia del pop, rock y la electrónica.

Su primera madrina fue nada más y nada menos que la impredecible Björk, quien en el 2011 le encargó remixes de dos canciones de su disco Biophilia: Crystalline  y Thunderbolt. Esta invitación, equivalente a haber sido presentado en una fiesta por la niña más popular del salón, sirvió para que Souleyman entrara inmediatamente en el mismo circuido de otros artistas independientes y alternativos. Tocó en festivales de la talla de Glastonbury, Sonar, Primavera Fauna, Pitchfork Festival, Central Park Summerstage, Chaos in Tejas (un espacio de difusión de bandas de metal y punk en Austin, Texas) y hasta en el concierto que celebra el Premio Nobel de la Paz en el 2013. En el 2011 fue invitado al célebre All Tomorrow’s Parties, un festival en el que los programadores son una serie de artistas invitados. Ese año la curaduría estuvo a cargo de Battles, Les Savy Fav y Caribou, y Souleyman tocó al lado de bandas como Sun Ra, The Field, Toro y Moi, Matías Aguayo, Flying Lotus, Junior Boys, Four Tet o Washed Out.

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El clímax de su coqueteo con occidente llegó en el 2013 cuando Kieran Hebden, líder de Four Tet, produjo Wenu Wenu: el primer disco formalmente hecho en estudio del sirio. Hasta entonces, las cerca de 500 producciones que se podían conseguir de su música eran registros de sus presentaciones en matrimonios, que se grababan como regalo a la pareja homenajeada, pero que pronto ingresaban al circuito de la piratería y al mercado callejero en Damasco.

Wenu Wenu alcanzó destacadas reseñas en portales como Pitchfork o NPR y fue seleccionado por Rolling Stone como el sexto mejor disco de dance del 2013, apenas superado por Daft Punk, Disclosure, Fuck Buttons o el propio Four Tet.

Pero estancarse en ese insulso debate sobre qué es o no hípster distrae sobre los verdaderos méritos y valores de un endemoniado artista que solo invita al baile (no, no estamos hablando del que requiere cinturón de moneditas y movimientos shakirescos).

Souleyman, que arrancó con la música como un hobby, es heredero del dabke sirio y el choubi iraquí (las formas del pop árabe en estos países) que creció oyendo. Nació en 1966 y aún vive en la región norte de Siria, en frontera con Iraq, donde se siente el coletazo de la guerra y los estigmas de occidente. Su pueblo Al Hassakeh, es un complejo enclave donde conviven árabes, kurdos, asirios, iraquís, sunitas, shias, cristianos y armenios.

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Cuando se le pregunta sobre si esta situación se ve reflejada en su trabajo, responde: “no exactamente. En algunos sentidos sí. Cuando me presento en celebraciones de distintos tipos de personas tengo que modificar mis canciones hacia lo que ellos prefieren. He aprendido mucho de este modo”.

Sus primeros escenarios no fueron festivales o discotecas, sino matrimonios donde iban a lo que era: poner a brincar a la gente. “Liderar un matrimonio o cualquier otro tipo de celebración como cantante es una forma artística muy especial que tenemos. No es tan simple como la gente cree pues hay muchas cosas involucradas. Hay que explicarle a los músicos cómo y cuándo deben acompañarme y hacer letras especiales para cada ocasión”, explica Souleyman.

Mark Gergis, el productor y músico estadounidense que lo descubrió e internacionalizó a través de varios compilados de música siria, explica que en este tipo de celebraciones las versiones de las canciones podían llegar a durar hasta media hora, llevando la fiesta a puntos muy altos. El siguiente video fue editado por Gergis a partir de registros en vivo de la banda, acompañados de una de las canciones más populares del cantante.

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La música de Souleyman, aún luego de haber pasado por las manos de Four Tet, sigue siendo cruda, básica e intacta del manoseo de la globalización. No es un burdo collage que se agarra de fórmulas comerciales para agradar en el público masivo (sí Enrique Iglesias, estamos hablando de ti), sino que sigue respetando el estilo básico y autóctono mientras le canta principalmente al amor.

Una de las claves de su ritmo frenético es la banda que la acompaña dentro de la que se destaca el teclista Rizan Sa’id, autor de sicodélicos solos que hacen pensar en los delirios guitarreros de Jimmy Hendrix, y quien también trabaja como productor de otras estrellas del pop sirio.  

En Colombia su presentación irá acorde a lo que ha sucedido en el resto del mundo. El Centro Cultural Billares Londres, un nuevo proyecto del consagrado templo de la electrónica en Bogotá, abrirá sus puertas para nuevos sonidos con este en concierto.

El cartel estará complementa por tres Dj locales, Rah del Reino, Memek y Richard Blair, demostrando que lo de Souleyman es un curioso caso que demuestra que a pesar de la globalización cultural y la expansión de ciertos modos de hacer música, aún existen focos de resistencia y de preservación de las tradiciones. Ahora sí, a bailar.

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