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Iván Duque, el presidente de los memes

Se nos viene encima un nuevo periodo presidencial que, mal o bien, promete jugosos memes.
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Era muy popular y aceptado entre los médicos siglo XIX hacer uso del conocimiento de la frenología. Teoría según la cual, la forma del cráneo, cabeza y facciones de un individuo determinaban el carácter, los rasgos de la personalidad y hasta las tendencias criminales. Así, alguien con una cabeza especialmente protuberante, por ejemplo, podía ir al doctor a tratar su alopecia, terminando con un diagnóstico de prisión preventiva por tener cabeza de criminal.

Hoy, desde luego, la frenología sería impensable desde cualquier punto de vista. Su uso médico, bendita sea la ciencia, está desestimado por completo. No obstante, en la era de internet, hay que reconocer que cierta conformación craneana, o ciertos rasgos faciales, bien podrían ser el signo de una cualidad que poco tiene que ver con la personalidad, pero que sí es muy valorada en los últimos años: volverse un meme, ser una caricatura, viralizarse en internet.

Es una cualidad que se tiene o no se tiene. Fluye con naturalidad, espontáneamente. Le pasó por ejemplo al reconocido astrofísico y divulgador científico Neil deGrasse Tyson, cuya expresión de ironía resultó tan universal que se convirtió en uno de los memes más famosos de internet hace unos años.

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La no tan común virtud también inmortalizó la sonrisa del ex basquetbolista chino Yao Ming, capturada por un fotógrafo en una rueda de prensa de la NBA en 2009. Hoy todos reconocemos su rostro como el clásico ¡Bitch, please!

Pero esta particular capacidad no solo recae sobre astrofísicos o deportistas. El nuevo presidente de Colombia, Iván Duque, está en vías de convertirse en el presidente de los memes.

Con la salida de Juan Manuel Santos se termina un periodo presidencial difícil para la comedia viral. Todo era muy calculado: pocas metidas de pata, nada de gestos estrambóticos, mucha solemnidad. Duque, en cambio, promete cuatro años de buen material. Primero, porque nunca antes Internet había tenido tanto impacto en la vida política; segundo, por una propensión particular de su personalidad. No solo por su redondeada fisionomía, sino por todo lo que lo rodea: poca experiencia, cabello recién pintado y una figura espectral innombrable que no se va a poder quitar de encima.

Iván Duque (que quede claro: él solito) ha hecho sus propios méritos. Sin siquiera haberse posesionado, su proceder ante las cámaras ya representa muchos momentos comunes y cotidianos dignos de ser convertidos en meme.  

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Como la vez que quiso llenar un silencio incómodo con el Rey de España. Momento que las redes de la empresa de streaming, Netflix, utilizó para promocionar una de sus series más populares.  

 

O como cuando, en unos pocos meses, demostró los estragos del inexorable paso del tiempo

O como cuando olvidó que era presidente electo y empezó a hacer cabecitas en el Santiago Bernabéu

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