×

Los dientes de leche de Ratón Pérez

Publicidad

Después de seis años en la escena bogotana, este quinteto llegó a la mayoría de edad y dio el salto con La Cura,uno de los mejores álbumes del año y un disco debut que, confirmando lahonestidad con la que nació Ratón Pérez, se distribuye de forma directay gratuita a través de su página www.ratonperezmusica.com.A lo largo de sus ocho canciones, el álbum hace un recorrido portexturas que recuerdan a veces las guitarras de Fugazi, complementadaspor una velocidad y furia incontenibles, pasando por estructurascomparables a las de Dillinger Escape Plan, con voces guturalescontrastadas por versos armoniosos y un mensaje que se rebela contra elconformismo.

“El público le tiene mucho miedo al cambio y algunoscreen que nos vendimos por trabajar con un productor”, asegura subaterista Gabriela Jimeno. “No se fijan en que regalamos el discoporque queremos que nos oigan todos, y que les estamos devolviendo unainversión que nos habían dado al venir a nuestros toques durante todosestos años. Tal vez el álbum ha tenido algún rechazo de la gente joven,pero los más grandes nos han apoyado”.

Publicidad

Dos discos EP, variosgalardones en los Premios Shock del 2007 y presentaciones en todo elpaís, en festivales como Rock al Parque o abriendo para Coheed and Cambria y Death By Stereo, sirvieron de antesala para La Cura, el primer LP del quinteto, que es considerado por sus propios integrantes como “el primer sueño logrado”.

“Losintegrantes de Ratón Pérez crecimos juntos”, cuenta Gabriela, “somosamigos de toda la vida, algunos incluso desde bebés. Ahora que salimosdel colegio, todos estamos estudiando música para seguir tocando ypermanecer juntos. La idea es que crezcamos como individuos, sin afán:si un colectivo tiene personas fuertes, va a ser mejor. Por esotrabajamos en proyectos aparte: El Sin Sentido, Incordiales y Razón de Ser,entre otros. Aunque es difícil hacerlo en Colombia, queremos vivir dela música: somos un asco en todo lo demás, esto es lo que amamos y a loque esperamos dedicar nuestras vidas”.

Sin duda, el estilo crudoque los caracterizó desde el principio ha evolucionado hacia unadestreza sorprendente, clara en canciones como “¿Nunca has leído aScopolovsky?” (una pieza que supera cualquier etiqueta o barrerageneracional, una colcha de retazos que incluye salsa) o cortes que vandesde el death metal hasta el new wave instrumental. En la cabeza deestos adolescentes, que apenas llegaron a los 18 años hace pocos meses,se acumulan los miedos e inseguridades de su edad pero se vive sin losestereotipos de “sexo, drogas y rock and roll” ni las ambiciones defama que parecen presionar incluso a los músicos más veteranos.

Publicidad

“Nonos queremos estancar, por eso somos capaces de confrontarnosmutuamente, no conformarnos con lo que hacemos o con lo que nos dicenque hicimos bien –dice–. Siempre hemos intentado tener la mente muyabierta, escuchar de todo y alimentarnos de muchas fuentes, desde JohnMayer hasta Misery Signals, por ejemplo. Y con La Cura fuimos capaces de mostrarlo: las bandas tienen que cambiar, hay que soltarse y quedar en el aire hasta que el suelo aparezca”.

 Mudando la dentadura

“Estamossúper contentos con el disco. Produjimos con Ernesto Santos, quien yahabía trabajado con Odio a Botero y otras bandas. Nunca estamoscompletamente satisfechos con lo que hacemos, por eso nuestro managernos recomendó asesorarnos de él. Llevábamos un par de años tocando deuna forma muy caótica en vivo, por eso implementamos un vocalista líder(Juan David Orozco) y empezamos a organizarnos, grabamos maquetas ehicimos una preproducción juiciosa. Tener un productor nos ayudó aconcentrar tanto desorden, canalizó las ideas y el tiempo en elestudio. Por primera vez grabamos con metrónomo, volviendo a hacercosas muy básicas. En el estudio no intentamos nada que no podamoshacer en vivo.

Publicidad

“Nosotros no buscamos tener protagonismo, damos unpaso atrás como integrantes para que la banda en su totalidad reluzca,aunque cada uno está muy sumido en su instrumento. Nuestras letras casisiempre salen de libros y películas (como El viejo y el mar o El club de la pelea), buscando dejar un mensaje para que los oyentes vean más allá de la música. Somos más existencialistas, no pesimistas”.

 Bajo la almohada

“Aalgunos les sorprende que los ‘niñitos’ ya estén grandes porque ellossiguen siendo iguales y esperan que nadie cambie. El concierto delanzamiento en el Teatro Libre (con lleno total), con el públicosentado, luces y un montaje exclusivo para nosotros, demostró que cadavez damos más: si les parece cerdo lo que hicimos, queremos ser máshijueputas con lo nuevo.

“Hay que aprender a valorarse, muchasbandas con las que tocábamos ya no existen porque creen que la músicaes un juego; otros quieren hacer pop para vender o los que en elcolegio eran punks ahora bailan tropipop. Uno no debería dejar losproyectos y los principios botados.

Publicidad

“Ahora seguiremosaprendiendo: después de tocar con La 33 en los Premios Shock 2007,empezamos a sentir más real lo que hacemos, los admiramos mucho, tantoque metimos un poco de salsa en el álbum (con el respeto que nosmerecen los verdaderos salseros). Por otra parte, Rock al Parque 2007nunca pensamos que pudiera suceder: si bien el público parecía que nosodiaba (haciéndonos pistola y gritándonos groserías) nos sentíamos comoen una bola de cristal en la tarima y, al final, nos ganamos el respetode los menos cerrados. Si los músicos ensayaran más, podrían llegar acualquier lado, pero como llevan toda la vida sonando igual y se lapasan criticando, prefieren decir que Ratón Pérez sigue existiendo porpura rosca”.

Publicidad